05/08/1999. Discursos y Alocuciones. Comandante Presidente. Asamblea Nacional, Caracas, Distrito Capital, Venezuela.

Intervención del Comandante Presidente Hugo Chávez Frías, en la Asamblea Nacional Constituyente

Presidente Chávez: Ciudadano Presidente de la Soberanísima Asamblea Nacional Constituyente, señores vicepresidentes, constituyentes, representantes del pueblo soberano, ministros del Gabinete Ejecutivo, miembros del Alto Mando Militar, invitados especiales a este acto; representantes de los medios de comunicación social, compatriotas todos de esta Venezuela que se levanta sobre sus cenizas.

Decía el Padre Libertador, hace 180 años, casi exactamente, corría 1819 y en medio del fragor de los combates y teniendo como eco el retumbar de cien cañones, pero no el cañón de la voz bolivariana en Angostura, adonde fue a reunirse el Soberano Congreso Constituyente, el cañón de la voz bolivariana dijo aquel entonces: Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando, convoca a la Soberanía Nacional para que ejerza su voluntad absoluta.

Ciento ochenta años después, en esta Caracas bolivariana, yo me atrevo a decir, parodiando al Padre Libertador y trayendo su inspiración eterna: Glorioso el pueblo que, rompiendo las cadenas de cuatro décadas y levantándose sobre sus cenizas y empuñando con firmeza la espada de su razón, cabalga de nuevo el potro brioso de la revolución.

Sí, señores, porque lo que está ocurriendo en Venezuela hoy no es un hombre providencial que ha llegado. No; no hay hombres providenciales, el único hombre providencial: Jesús, el de Nazareth. No hay individualidades todopoderosas que puedan torcer el rumbo de la historia, absolutamente falso ese concepto. No hay caudillos, beneméritos y plenipotenciarios que puedan señalar y conducir y hacer el camino de los pueblos. Mentira. Se trata de una verdadera revolución y de un pueblo que la galopa. Eso sí es verdad. Y este acto de hoy, esta primera sesión de la Soberanísima Asamblea Nacional Constituyente, a la cual tengo la inmensa honra de asistir y agradezco a ustedes su invitación, esta instalación de la Asamblea Constituyente, es un acto revolucionario. Es la revolución que ocupa todos los espacios, algo así como lo que dice un gran escritor: “La rebelión de las masas”, de Ortega; es la muchedumbre que lo invade todo, es un galopar indómito que llega a todas partes y nadie puede detenerlo. Esa es la revolución venezolana de este tiempo, conducida, impulsada, sentida y amada por un pueblo. Y es que no podemos entender esos dos conceptos por separados; no existen, como no existiría el agua con el hidrógeno, separado del oxígeno. Pueblo y revolución son como el hidrógeno y el oxígeno para producir el agua, el H2O. Pongámosle P2R: Pueblo 2 y revolución. No hay revolución sin pueblo y allí está el pueblo de Venezuela empujando de nuevo, una vez más, su propia revolución, tomando las riendas de su propio potro, orientando el acimut de la brújula, buscando capitanes, porque eso sí necesitan los pueblos, verdaderos capitanes, verdaderos navegantes, verdaderos líderes que sean capaces de ponerse a la vanguardia y darlo todo por el pueblo, incluyendo la vida. Ese pueblo anda construyendo sus liderazgos y los liderazgos no se decretan, como lo sabemos, van naciendo en el mismo proceso revolucionario.

Así que, amigas y amigos, pudiéramos decir que hoy llegó la revolución al Palacio Federal. La revolución ha llegado, aquí está, presente una vez más ocupando un espacio que le pertenecer al Soberano pueblo venezolano, como lo es el Capitolio Federal, símbolo de libertades, de Parlamento, de deliberación, de igualdades y de búsquedas. Pueblo y Revolución.

Así como el agua, y permítanme seguir utilizando el ejemplo del H2O, tal es el pueblo. Si separamos las moléculas del agua o si se la aplican condiciones determinadas, de temperatura por ejemplo, si mal no recuerdo las clases de física, el agua se evapora. Y como cantaba el cantor del pueblo, en aquellas canciones cuando decía:

Llanto con fuego

no es na, se va,

se evapora.

Así es el pueblo. No todos los tiempos hay pueblo; no basta que vivan 20 millones de habitantes en un territorio de 916.050 kilómetros cuadrados para que haya pueblo. No; es una condición necesaria, mas no es una condición suficiente. Tiene que haber algo más para que ese conglomerado humano, para que esa muchedumbre humana, permítanme la expresión, sea de verdad un pueblo y aquí en Venezuela el pueblo se evaporó un tiempo como el agua se evapora, pero llovió y ha vuelto. Ha vuelto a hacerse presente un pueblo; porque ¿cuáles serían las condiciones necesarias, esenciales, para que un grupo humano pueda ser considerado un pueblo? Al menos dos condiciones esenciales pudiéramos traer aquí, a esta Asamblea. Dos condiciones sin las cuales un conglomerado humano no podemos llamarlo pueblo; una de ellas, es que ese conglomerado tenga y comparta glorias pasadas, comparta las glorias de su pasado, conociéndolas, teniendo conciencia de dónde viene y cuáles son esas glorias que compartimos en común, y por otra parte, para no quedarnos como de espaldas, mirando hacia el pasado sino con una especie de visión hánica, aquel dios Hano de la mitología, que tenía dos caras: una mirando al pasado y otra mirando al futuro, igual debe ser el pueblo. Mirando y sintiendo sus glorias comunes del pasado, pero al mismo tiempo, y es la segunda condición a la que quiero referirme para que una muchedumbre sea pueblo, al mismo tiempo en el presente, debe tener una voluntad común que lo una -diría Bolívar: si no fundimos la masa del pueblo en un todo, si no fundimos el espíritu nacional en un todo, la República será un caos y una anarquía. El pueblo, agregaría yo, dejaría de ser pueblo para convertirse, sencillamente, en sumatoria de seres humanos que viven sin conciencia de su pasado unitario y mucho más grave aún, sin una voluntad común que los una ante la adversidad.

Yo creo que en estas condiciones, en esta situación de hoy tenemos pueblo de nuevo, ha llovido y el pueblo que había desaparecido hace una década atrás, hace dos décadas o tres décadas atrás, ya corresponderá a los investigadores de la ciencia de la historia, determinar cuánto tiempo pasamos nosotros evaporados como pueblo, desaparecidos. Pero, de una década para acá comenzó a llover; comenzó a aparecer el pueblo de nuevo. Y cito al cantor, otra vez al Primera:

Como lluvia volverá

Para comenzar la siembra

Como lluvia volverá lo que se evaporó, para que comience la siembra. Los que no lo hayan visto aún, ciegos pudieran estar, pero hace rato que está lloviendo pueblo en Venezuela, y hace rato largo que comenzó la siembra nueva en Venezuela. Pobre de aquellos, ciegos que no ven. Pobres de aquellos insensibles que no sienten. Pobres de aquellos sordos que no oyen el rumor de un pueblo que llueve, que truena, que relampaguea, buscando construir una nueva Patria.

Pueblo.... ya tenemos pueblo. No teníamos. Qué cosa tan grande !tener pueblo! Y qué cosa tan triste debe ser sentirse evaporado. Por eso, don Luis, Luis Miquilena, Presidente de esta magna Asamblea, decía hace 48 horas, en su formal instalación en la soberbia histórica Aula Magna de nuestra gloriosísima Universidad Central de Venezuela, decía terminando emocionado sus palabras que ahora ocurría un milagro y que, permíteme tomar tus palabras, viejo amigo, más amigo que viejo, y decirlas: "un milagro que ahora, dices tú Luis, en el invierno de tu vida, puedes soñar con la primavera".

Pero es que resulta, le decía yo a Luis ayer, en la Avenida Los Próceres, mirando el desfile hermoso de los soldados de la Guardia Nacional de Venezuela, estamos celebrando su 62 aniversario, le decía yo a Luis, o le escribía en una pequeña tarjeta de esas de protocolo, mirando el desfile y sintiendo el clarín de la Patria vibrando en esa avenida que uno lleva en el corazón, le decía yo a Luis algo así como esto. Ustedes saben que esas cosas salen en el momento, estoy recordando lo que escribí ayer en una pequeña tarjeta. Resulta que cuando se vive, como vive Miquilena y muchos hombres y mujeres, no importa la edad, nunca hay invierno, siempre habrá primavera. Y hoy, esa primavera, podemos asimilarla o reflejarla o recogerla en ese pueblo florido. Tenemos pueblo, hermanos ¡Qué cosa tan grande! porque tiene que ser muy triste -yo me imagino- que la vida de los hombres o de las mujeres, y algunos hombres y mujeres han pasado por esa tristeza, creo yo. Han pasado la vida y nunca han visto pueblo; han cruzado la vida y la vida habrá sido toda un desierto o toda una soledad. Nosotros somos un poquito afortunados, tenemos pueblo, está lloviendo y nos co­rresponde ahora resembrar, recrear, reim­pulsar una Patria que estaba evaporada, que estaba dormida, que estaba en la tumba de los siglos.

Pueblo, el pueblo, y es importantísimo que la Asamblea Constituyente lo escriba dentro de sus máximas eternas. El pueblo es el único combustible de la máquina de la Historia. No pensemos jamás que un hombre providencial -repito-, pensemos jamás que 131 hombres o mujeres provi­denciales van a hacer el camino. No. Es responsabilidad de todos y cada uno de ustedes recoger, oír, grabar, sentir las miles de expresiones del pueblo que es el dueño único de su soberanía absoluta, como diría Bolívar en Angostura hace casi 200 años.

No vayan, compatriotas ustedes a co­me­ter el error que cometieron los que habitaron esta casa durante 40 años, y ya no les pertenece, eso hay que recordarlo. Esta casa desde hoy es la sede de la Asamblea Nacional Constituyente. La magnanimidad de ustedes es grande, han permitido que convivan por allí, pero ustedes son los dueños de esta casa, porque esta es la casa del pueblo y desde hoy tienen que comenzar a demostrar que ustedes, representantes verdaderos del pueblo, son los dueños de esta casa y que esta casa es la casa del pueblo y no la casa de las cúpulas ni la casa de los cogollos que durante años traicionaron esa espe­ranza de un pueblo. Recuperen ustedes esta casa para el pueblo, para la revolu­ción. Hoy han comenzado a hacerlo.

Hablo entonces del binomio pueblo y revolución, H20-E2R, revolución. ¡Qué cosa tan grande también es la revolu­ción! Yo también lamento mucho que algunos venezolanos todavía a estas alturas no se den cuenta o no quieran darse cuenta que estamos en el mero epicentro de un pro­fundo, de un verdadero, de un indetenible proceso revolucionario que no tiene mar­cha atrás -como decía Luis Miquilena en el día de antier-, es una revolución lo que está ocurriendo y nada ni nadie podrá evitarla. En vano tratarán de evitarla y han tratado de hacerlo, pero veamos el resultado, veamos el resultado.

Ustedes son, esta Asamblea es resul­tado consecuencia de un proceso en mar­cha, y ustedes además de ser consecuen­cia ahora dialécticamente, hermosamente se transformarán en causa de otras conse­cuencias, de una cadena de fenómenos indetenibles, indetenibles jamás.

La revolución, la revolución no se pla­nifica, yo soy de los que creo que no es planificable una revolución. Cuenta un escritor que en una ocasión Herodes le escribía a un amigo en Roma, desde Jerusalén y le decía: “Aquí estoy, aquí no pasa nada, me invade la modorra” y estaba escribiendo esa carta, pero al mismo tiempo que escribía eso “...aquí no pasa nada”, dice el escritor que por la ventana de su casa, del Palacio de Herodes, allá por la calle iba pasando en un burro un flaco llamado Jesús, y Hero­des estaba escribiendo “...aquí no está pasando nada”. Hay muchos, casi todos los hombres no nos damos cuenta cuando pasa Jesús por la ventana en su burro.

Las revoluciones nacen por sí solas, tienen sus propias leyes, como la Historia son hijas de la Historia. Las revoluciones son como la tempestad, como el viento fuerte del que hablaba el grande Miguel Angel Asturias: “...vientos fuertes, no son planificables los vientos fuertes ni tam­poco son detenibles”. Se puede volar con ellos, se puede sobrevivir con ellos, si acaso, si hay la suficiente inteligencia, al­tura y capacidad para volar en el ojo de la tormenta o para navegar en el ojo del huracán, eso sí es posible, pero detenerlo, imposible.

Vicente Salias, cuando hace muchos años, en 1810 era Jueves Santo, era 19 de Abril, fue a las puertas de La Catedral y haló por la manga de la camisa o de la casaca al capital general español Don Vicente Emparan y lo conminó a ir a Cabildo, él no sabía que con ese jalón de manga, al capitán general estaba comenzando en un contexto mucho más amplio una revolución.

Cuando los habitantes de Guarenas, era febrero, era 27 de febrero y era 1989, aquí mismo hace apenas una década, para no irnos tan lejos, con Vicente Salias o con Emparan o con el Cura Madariaga, cuando los habitantes de Guarenas comenzaron a protestar por el incremento del combustible, cuando los habitantes de Guarenas se fueron a la calle a protestar con una huelga, haciendo uso del derecho a la resistencia, ellos no estaban planificando una revolución o allá en la Francia de 1789, los campesinos amotinados o los que decapitaron al Rey, tampoco estaban planificando con eso una revolución, a lo mejor ni siquiera se imaginaban las consecuencias de ello.

El lunes 3 de febrero 1992, los soldados bolivarianos que salían a ocupar posiciones en todo el país no sabían plenamente lo que se iba a desatar con aquel gesto del 4 de febrero de 1992, es una revolución que se hizo presente e impone su propio ritmo, pueblo y revolución, sólo los pueblos suelen hacer revoluciones y la revolución no será tal jamás sin ese impulso vital del pueblo, consciente de su pasado y con una voluntad en su presente y dispuesto a todo por hacer realidad su sueño, su voluntad.

Hoy en Venezuela, cuando estamos a 5 de agosto de 1999, no tengamos dudas, sintámonos comprometidos y conscientes de ello, hoy en Venezuela y con una gran claridad el binomio de la historia se ha hecho presente, tenemos pueblo y hay una revolución en marcha y es el pueblo el que guiará ese potro libre de la revolución.

Ahora, Constituyente Soberana ¿de donde viene esa revolución? Es bueno saberlo también, especialmente nosotros los que hacemos un infinito esfuerzo por cabalgarla y por tratar de orientar: de esa muchedumbre, de esa rebelión de masas que anda ocupando todos los espacios. Para nosotros es vital si queremos montarnos en la ola de los acontecimientos, como diría un filósofo, saber muy bien de dónde viene esta revolución y hacia dónde pudiera ir esa revolución.

Neruda pudiera hoy ayudarnos de nuevo, porque cuando preguntamos en Venezuela hoy de dónde viene esta revolución, inevitablemente tenemos que caer de nuevo en la figura y en el tiempo y en el contexto bolivariano, cuando nacieron las primeras repúblicas que se levantaron en esta tierra venezolana. Es Bolívar, decía Neruda: "que despierta cada 100 años", pero Neruda, que era un revolucionario, asimilaba el despertar de Bolívar con el despertar del pueblo, “despierta cada 100 años cuando despiertan los pueblos”, es de allí que viene esta revolución, es Bolívar de nuevo que vuela, ya lo decía él en Angostura, volando por entre las próximas edades. Volemos con él. Llegó el tiempo de volar de nuevo. Llegó el tiempo de volar como el cóndor y como el águila. Pobres de aquellos que no sean capaces de volar como el cóndor y como el águila. Pobres de aquellos cuya fuerza sólo les permite arrastrarse como las serpientes, pero nosotros, los patriotas, estamos obligados a volar con Bolívar en esta edad, que es una nueva edad republicana, una nueva edad bolivariana. Y yo, desde esta tarima, como un simple ciudadano y soldado que soy, pues, hago un llamado a todos los venezolanos, a la Nación entera, yo hago un llamado o un clamor, para que todos seamos capaces de volar. Y que imitemos, -algunos de los venezolanos de esta era que se resisten, no pueden volar- Dios mío, hazles el milagro de que sean como Quetzalcoal, la serpiente emplumada y que les salgan alas a las serpientes y que vuelen y se conviertan en águilas, en cóndores de este tiempo, en que estamos obligados a andar a la altura de la historia, a la altura del compromiso, a la altura de la esperanza que resucitó a los cuatro vientos del alma nacional. De todos modos nuestro deseo es que todos volemos, lamentamos mucho si algunos no pueden volar. Pero con ellos, repetimos, con todo el corazón, y lo digo sin que me salga, sin que me quede ni una pizca de ironía, porque no me cabe la ironía en al alma, de todos modos hermanos, si hubiésemos algunos compatriotas incapaces de volar, sigamos el consejo de Jesús, el flaco, el del burro, de Nazareth: Dejaos que los muertos entierren a sus muertos y vamos todos a la vida, a la construcción de un pueblo, a la vida con el pueblo. Eso es lo importante y lo grandioso de este momento republicano, que estamos en este momento a la altura del momento popular, del momento revolucionario.

Hoy pudiéramos decir que la revolución viene de allá, sin duda alguna, es Bolívar que vuelve con su clara visión, con su espada desenvainada, con su verbo y con su doctrina. Seamos audaces hermanos. Nosotros tenemos herencia, nosotros tenemos barro, tenemos semilla para inventar aquí de nuevo o reinventar un concepto revolucionario y una práctica revolucionaria propia, a la venezolana, para ser ejemplo del mundo, no estamos copiando modelos, sigue clamando el viejo Simón, el Robinson de América, el Rausseau americano, como lo llamó Simón Bolívar un día.

No podemos seguir copiando modelos, he allí una de nuestras tragedias, originales han de ser nuestros métodos de gobiernos; originales nuestras instituciones, originales: o reiventamos o erramos, estamos en tiempos de ser grandes inventores.

Esa revolución viene de allí, tiene un signo hermoso, tiene un signo autóctono, se parece a nosotros. No tiene otro rostro, se parece al rostro de Atala Uriana Pocaterra, se parece al rostro mestizo de la América india, originaria. Se parece a nosotros. Se parece al color de Aristóbulo, se parece a nosotros esta revolución, no es importada de otros dogmas y de otros pueblos. También se parece al color de Claudio, por supuesto. Es el mismo color. Se parece a la esencia del pueblo venezolano, afortunadamente no tenemos que andar buscando manuales de otras latitudes. Tenemos nuestros manuales. Revisemos esos manuales, revisemos esos códigos sin descanso, constituyentes.

Revisemos por ejemplo al Bolívar de 1813, al Bolívar de 1812 allá en las murallas heroicas, eternas, de Cartagena de Indias. El Bolívar que salió de aquí. El Bolívar que vio cómo se cayó la Primera República, es el Bolívar que criticaba la República aérea, porque fue aérea la República de 1811. !Cuidado constituyentes con las Repúblicas aéreas! No aguantan el primer golpe de viento. Una verdadera República tiene que nacer, pero hay que ver hacia atrás. Decía Bolívar, por ejemplo, cuando alertaba sobre las causas de la caída de la Primera República llorando sus penas en las murallas de Cartagena frente al Caribe, Decía: en 1812 tuvimos filántropos por jefes, y sofistas por soldados. !Cuidado! !Cuidado con las repúblicas aéreas!. El de 1812, al de 1813, es el Bolívar del año 13 que llega, después de aquella fulgurante Campaña Admirable con su es­pa­da desenvainada, convocando a Asam­blea; porque en Bolívar siempre estuvo el binomio del Quijote. Decía algún escritor que si el Quijote hubiese tenido descendiente, sin duda alguna hubiese sido Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios: el arma, la espada y la pluma, la fuerza y la idea.

Bolívar llegó a Caracas en 1813 y le escribió en agosto de aquel año, hace 186 años, casi exactamente, era agosto de 1813 y Bolívar le escribía al Congreso de la Nueva Granada, que como ustedes saben lo apoyó para la recuperación de Venezuela con la Campaña Admirable. Bolívar le decía al Congreso: “...que interim, se conforme un Gobierno, él había asumido el mando supremo de la Repú­blica", era la II República. Bolívar le decía al Congreso de la Nueva Granada: “...que mientras se estabilizaba la situa­ción en Caracas y en la República, él asumiría el mando, pero apenas interino, mientras se convocaba -así lo llamó él- una asamblea de notables de esta ciudad de Caracas”, y así se hizo; y Bolívar convocó a una asamblea de notables y nombró tres asesores de los caballeros más preparados de aquel momento y comenzó a gobernar desde Caracas, creando la II República. Dictando de­cretos sobre la economía, dictando de­cretos sobre el comercio, escribiéndole a los gobernadores de provincia, como el de Barinas, por ejemplo, que clamaba por una Federación, y Bolívar decía: “...no, esa fue la causa o una de las causas de la derrota en la caída de la I República, cómo vamos a hablar de Federación cuando hay una amenaza y hay un ejército invasor en el territorio. Yo soy el Presidente de esta República” y les decía: “...y le cedo a usted la autonomía admi­nistrativa y judicial, pero usted tiene que entender -decía- que forma parte de una nación, de una República unitaria”. Eso es bueno recogerlo hoy también, porque no podemos confundir Federación con anarquía.

¡Cuidado con la anarquía! Cuando llegamos al caos y a la anarquía se pone en peligro la existencia no sólo de la República, no sólo del Estado, sino de la nación misma como un todo. Oigamos la revolución que viene desde allá, desde aquellas tribulaciones entre la batalla, entre la fusilería que circundaba a Cara­cas entre la amenaza de Boves; sin embargo Bolívar organizaba una II República la cual se ahogó en sangre al año siguiente, en 1814.

Es Bolívar que vuelve sobre Angos­tura, otra vez, una vez más, de nuevo. Se cayó la primera, se cayó la segunda, pero 5 años después vuelve a nacer una III República, la grande, la República grande, la República más sólida de aque­llos años, la República de 1819, la que nació bajo el escudo de las armas de su mando, pero con el desarrollo pleno de la voluntad popular en el Congreso Cons­tituyente de Angostura, hace exactamente ahora 180 años, exactamente en estos días.

Es el Bolívar de Angostura que ha­blaba de una República sólida, que cla­maba por la moral y por las luces como polos esenciales y fundamentales de una República. Es el Bolívar de Angostura que decidía las normas fundamentales de un gobierno popular, más perfecto, decía. Oigan esa palabra, “...el sistema de go­bierno más perfecto es el que le propor­ciona a su pueblo la mayor suma de segu­ridad social, la mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad posible”. Esa es la revolución que vuelve y esa es la palabra que orienta.

Es el Bolívar de 1819 el que llamó a inventar una cuarta potestad, el que se atrevió a invocar las antiguas institu­ciones de la Roma republicana, las anti­guas instituciones de la Grecia y de la Esparta, y decía: “...fundamos de esas tres instituciones una sola y que ella sea fuente de moral republicana para luchar por los valores de la República, para luchar por la idoneidad republicana y para empujar o para iluminar especialmente la educación de los niños, era el Bolívar o es el Bolívar del poder moral de Angostura, es el Bolívar que anuncia que va a volar por entre las próximas edades, siempre volando a las cimas del Chimborazo.

Es el Bolívar, esta revolución viene de allá, es el Bolívar de 1826, cuando presenta su proyecto de Constitución al Congreso Constituyente de la República que hoy lleva y llevará para siempre ese nombre, Bolivia.

Es el Bolívar que allá en la cima de los Andes bolivianos, llamaba, clamaba por la República, por la moral republicana, seguía clamando por la moral republicana.

Es el Bolívar que hablaba de la igualdad y de la libertad y le clamaba al Congreso Constituyente de Bolivia, le regaba que sembrara en las instituciones bolivianas los mecanismos idóneos para asegurarle al pueblo de Bolivia la igualdad y la libertad, ese clamor llega hoy desde la cima de los Andes bolivianos, es el Bolívar de 1826 de Bolivia, cuando tuvo la osadía intelectual de nuevo, siguiendo seguramente los consejos de su maestro preferido y eterno, Don Simón Rodríguez, que le llamaba a inventar, inventa, inventamos o erramos, inventa, inventa y el seguidor de su huella andaba inventando.

Inventó allá en Bolivia una cuarta potestad, ya no la moral de Angostura sino otra, otro invento, el poder electoral para que fuese el Soberano el que condujese, el que pensase, el que pudiese y el que vigilase los procesos electorales permanentes. Es el Bolívar de esa Constitución de Bolivia republicano, pidiendo libertad, pidiendo igualdad y sembrando la invención del poder electoral, es el Bolívar del año 28, cuando comienza su decadencia, es el Bolívar de la Constitución de Ocaña que le ruega, ya sintiendo la tempestad ruega, clama a los legisladores darse leyes inexorables.

Es el Bolívar que en la Convención de Ocaña, en su mensaje desde Bogotá en 1828 señala, presintiendo ya, seguramente sentía como crujían las estructuras de la Tercera República, adolorido de ira como hacía aguas el barco que tanto había costado echar a la mar y clamaba “legisladores, os clamo leyes inexorables porque la corrupción de los pueblos es el origen de la indulgencia de los tribunales y de la corrupción de la República. Leyes inexorables”, decía.

Hoy, ante la tempestad de corrupción, ante la podredumbre que nos rodea, yo, 180 años casi después, me atrevo a pedir también a ustedes constituyentes leyes inexorables, leyes que constituyan un verdadero imperio del derecho y más allá del derecho que sean el camino hacia una situación donde impere la justicia, que como dice la Biblia, es el único camino a la paz, no hay otro. Mientras no haya paz, o mejor dicho, corrijo, mientras no haya justicia, verdadera justicia, estaremos amenazados por la violencia o estaremos no amenazados, estaremos inmersos en una terrible situación de violencia.

Es el Bolívar de 1830 el que vuelve volando por entre estas edades de hoy. Es el Bolívar que muriendo ya seguía clamando. Unión -decía. “Unión, si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

Es el Bolívar que con sus cenizas da origen al nacimiento de la República antibolivariana de 1830, la de la Cociata, se cae la gran República, se cae el sueño de Angostura y Bolívar se va a la tumba y con su tumba al mismo tiempo están enterrando a Bolívar en Santa Marta y al mismo tiempo está naciendo la República de la oligarquía conservadora que echó atrás los postulados de la revolución y que produjo entonces un siglo XIX lleno de violencia, de expectores intestinos que de verdad disolvieron la nación, disolvieron la unidad del pueblo y disolvieron la República.

Hoy, así como aquella Cuarta República nació sobre la traición a Bolívar y a la revolución de independencia, así como esa Cuarta República nació al amparo del balazo de Berruecos y a la traición, así como esa Cuarta República nació con los aplausos de la oligarquía conservadora, así como es Cuarta República nació con el último aliento de Santa Marta, hoy le corresponde ahora morir a la Cuarta República con el aleteo del cóndor que volvió volando de las pasadas edades.

Hoy, con .la llegada del pueblo, con ese retorno de Bolívar volando por estas edades de hoy, ahora le toca morir a la que nació traicionando al cóndor y enterrándolo en Santa Marta. ¡Hoy muere la IV Repú­blica y se levanta la República Bolivariana! de allá viene esta revolución, de los siglos que se quedaron atrás. Desde 1810, desde 1811, desde 1813, desde 1818, 1819, des­de 1826, desde 1830.

Hermanos, estamos cubiertos de ce­nizas nosotros, porque venimos de la tum­ba, cual ave fénix estamos renaciendo de nuestras cenizas. Son las cenizas que se lleva el viento y al mismo tiempo se levanta un sol naciente. Esa es la revolu­ción a la que yo me refiero: pueblo y revolución, P2R, el binomio que se unió y hoy cabalga el potro indómito de la Vene­zuela nueva.

Compatriotas todos de Venezuela, cons­tituyentes de la soberanísima, ha lle­gado una nueva edad y la edad o el tiempo de hoy, la primavera de la que habla don Luis Miquilena, es un tiempo de Constituyente. Es un tiempo que pudo habernos llevado a la vorágine, afortu­nadamente conseguimos este camino. Demos gracias a Dios, porque como de­cíamos hace unos minutos, después del “caracazo” aquí se desató una fuerza indómita que consiguió expresión des­pués en varias fechas, hay fechas que podemos establecer ya, pudiéramos ya atrevernos a hacer un poco de historia. Es riesgoso hacer historia a estas alturas todavía, yo no me atrevería sino a lanzar unas ideas para los que hagan la historia. Vuelve a salir Alí: “...hagamos la historia, que otros la escriban en un mundo mejor”, pero si podemos aventurarnos a mirar la historia reciente y a reflexionar sobre ella, ya no 1811, no, ya mirando esta última década.

Permítanme, yo la llamaría la década Constituyente, la década revolucionaria, la década bolivariana. Es la última década de este siglo que comenzó aquí en Ca­racas el 27 de febrero de 1989. Yo la vi con esos ojos, desde ahí, desde el Palacio de Miraflores. Al frente del Palacio, en una pequeña ventana yo vi cómo pasaba Jesús el de Nazareth en su burro; era el pueblo que clamaba justicia.

Ahí comenzó, en mi criterio, aventu­rándome a hablar de la historia que he­mos venido viviendo, y acepto que no es nada fácil hacerlo y especialmente para alguien que ha estado una vez sí, una vez no, un poquito más allá, un poquito más acá, pero allí en el epicentro del fenó­meno del huracán. Allí comenzó esta década Constituyente revolucionaria; pero yo decía que hay varias fechas que queda­ron ya y quedarán para la historia seña­ladas en esta década como referencia del camino que hemos venido construyendo o que ha venido construyendo el pueblo: 27 de febrero 89, 4 de febrero 92, 27 de noviembre 92, 6 de diciembre 98, 2 de febrero 99, 25 de abril 99, 25 de julio 99, 3 de agosto 99. Llegamos aquí hoy, 5 de agosto del 99.

He allí algunas de las fechas sobre las cuales deberíamos hacer un estudio a fondo para entender porqué estamos aquí hoy. Nosotros somos hijos de la tormenta, estamos aquí porque nos ha traído aquí, a todos sin excepción, la tormenta revolu­cionaria que se desató en esta última década del siglo XX venezolano afortu­nadamente; y más afortunadamente aún que no andamos por allí con un fusil en las manos. ¡Gracias a Dios! Gracias a Dios que no andan unos en las montañas pensando, como diría el gran poeta cumanés Andrés Eloy Blanco, cuando le cantó a Maisanta en su corrido de caballería, cuando le cantaba la guerra a José León en aquel poema hermoso. Cuando el cantor le canta a la guerra y dice: “...unos van que a que te mato y otros que a que no me matas. Hay un momento de pronto en que se arrugan las almas”.

Afortunadamente no estamos en ese dilema de que “a que te mato o a que no me matas”. Afortunadamente no estamos hablando de muerte, afortunadamente estamos hablando de vida, en todo caso vuelvo a repetirlo con Jesús: “...los muertos entierren a sus muertos”.

Estamos hablando de la vida nueva, de una nacimiento, de un parto. Somos producto de eso, hermanos, no podemos perder de vista ese camino que hemos venido transitando y al que hemos venido siendo arrastrados. ¿Quién aquí planificó estar aquí hoy? ¡Nadie! ¿Quién lo pensaba hace 5 años o 10 años? ¡Nadie! Por eso las revoluciones no se planifican, los hombres individuales nos montamos o no nos montamos en la ola de los aconte­cimientos; pero la ola puede tragarnos, no somos nosotros es la ola, es el agua, el H2O, el P2R, ¡esa es la ola!

Si nosotros no estamos a la altura de la ola, la ola nos arrastra implacable. Como dice un viejo adagio chino: “...la historia es una gran rueda implacable, no se detiene, impone su propio ritmo”. Hoy esa revolución Constituyente, esa década bolivariana nos ha traído aquí a todos, y yo he tenido dentro de los, los análisis y las reflexiones, que permanentemente vamos haciendo sobre la marcha, yo he tratado siempre de estar sobre la ola. Trataré siempre de estar sobre la ola, tratando de orientarla, de ayudar a orientarla. Vano el hombre que se sienta dueño de la ola. No; uno es como una gotita de agua en la ola, pero claro que pensante y actuante. Y cuando y ano es una sola gota sino que son millones de gotas, pues entonces resulta que nos convertimos en parte de la ola y podemos actuar con ella, pero nunca contra ella, para dominarla. Nunca contra ella para detenerla. He tratado de estar en la ola en estos últimos años. Y mi conducta, toda mi conducta pública y privada la someto al juicio de los tiempos, la someto pura, cristalina, impura pero cristalina, al juicio de los pueblos y de la historia. Pero he tratado y trataré, hasta donde tenga fuerzas y Dios lo permita, de estar allí, formando parte de la ola. En estos últimos acontecimientos hemos estado allí, con la ola: yo como convocante, yo como el que cargó a nombre de muchos la bandera, durante años, cruzando desiertos, cruzando calles solitarias, sintiendo la hiel de la amargura durante varios años, pero siempre, como decía Gaitán: la bandera en alto por encima del lodo de cien banderas, más vale una sola en la cumbre; siempre metido en el estiércol, levantando la bandera constituyente, como convocante que he sido, como firmante del decreto que abrió la puerta al burro y al hombre; como luchador incansable y guerrero que son en este combate, yo me siento humildemente satisfecho, incluso pudiera decir, permítanme esta expresión: me siento ya satisfecho de haber vivido. Si hubiera que morir, yo ya he vivido y aunque siento que hay muchas otras cosas que hacer, aunque siento que todavía hay mucha ola que llevar, cuando veía la instalación de la Soberanísima Asamblea, solitario, en un rincón, cerca de una mata de mango parecida a una que había cuando era niño, muy cerca de una mata de ciruela muy parecida a la que había en el patio de la abuela Rosa Inés, cuando vi con estos ojos a don Luis Miquilena, maestro de estos últimos años, levantar la mano y jurar. Cuando les vi a ustedes jurar, dije: ha valido la pena vivir. Allí va el potro, nadie podrá detenerlo, no me siento imprescindible, no me siento indispensable y soy feliz por ello. Me han hecho ustedes feliz, porque terrible sería que una revolución dependa de un hombre, no sería revolución.

He allí el ejemplo del General del pueblo soberano, don Ezequiel Zamora, una bala bastó, una sola bala traicionera bastó para parar lo que se creía era una revolución. Pero no; no había concepto revolucionario, no había concepto de pueblo unido. No había la voluntad de avanzar hacia una dirección predeterminada, la ola arrastró aquello y sobre la bala de San Carlos se enterró la revolución, esa es la verdad y yo hoy ya me siento libre de la bala zamorana.

Y sé, y estoy seguro de no equivocarme, que la revolución venezolana cogió su cauce, ustedes son expresión de ese cauce democrático, pacífico, inmenso, glorioso. Ese es el tiempo que estamos viviendo.

Yo, empeñado sin embargo, como seguiré siempre, empeñado, mi abuela decía: aquí tengo un empeñado. ¿Ah Freddy? Aquí tengo un empeñado, disposicionero -así me decía mi abuela Rosa Inés- usted es muy disposicionero. Sálgase de esa Escuela Militar -me decía- usted no sirve para eso porque usted es muy disposicionero. Disposicionero, como he sido, he tenido el atrevimiento para someterlo a la opinión pública, en primer lugar y a ustedes en segundo lugar, soberanos, como son, representantes de la voluntad de ese pueblo, de traer aquí hoy unas ideas fundamentales sobre lo que pudiera ser un nuevo Proyecto de Constitución Bolivariana para la V República. Yo voy, en los minutos siguientes, a hacer un esbozo general y luego, entregaré al señor Presidente de la Soberanísima, las letras y las líneas que han recogido una primera parte de esas reflexiones, de esas pretendidas ideas fundamentales, para que sean sometidas a su justo y alto análisis. Y si alguna de esas letras, así como la firma que hice con esta mano zurda, del decreto del 2 de febrero, contribuyó esa firma, esos pequeños centímetros de tinta, sirvieron de algo para abrir este camino, yo me sentiría feliz también, si por lo menos alguna idea, alguna pequeña idea aunque sea sacada con lupa y con una pinza de esas ideas y reflexiones, sirvieran de algo, aunque sea para orientar el soberano trabajo de esta Asamblea Constituyente.

Las ideas fundamentales que hoy presento, pretenden y tratan, haciendo un esfuerzo inmenso, yo no soy legislador ni quiero serlo, pero sí soy un pensador y he venido junto a ustedes viviendo este tiempo y maserando ideas. Viviendo un tiempo de dialéctica, de teoría y de práctica, de estrategia y de táctica, de pasado y de presente uniéndolo con el futuro. De concreción a abstracción, volar por la filosofía para venir al combate de cada día en la guerra de la política diaria. Esa ha sido la vida de los últimos años, binomio maravilloso que es la dialéctica. Así que pretendo recoger una visión global, no cartesiana. No. Pretende ser holística o integral de lo que en mi criterio pudiera ser la idea central y las ideas complementarias de una nueva Carta Magna, donde se recoja no sólo la letra, no sólo el espíritu de las leyes, done se recoja no sólo la norma, el derecho, sino donde además se recoja, más allá del derecho, más allá de la norma, se recoja allí una nueva idea nacional.

En esa nueva Constitución, permítanme constituyentes soberanos, esta reflexión. No se trata sólo de una tarea de juristas. !Cuidado! o las Repúblicas aéreas de nuevo. Se trata de recoger la expresión del momento nacional y tener la capacidad de reflejar, en esa nueva Carta Magna, un nuevo proyecto de país, un nuevo proyecto nacional, una nueva idea, es refundar a Venezuela.

En esa nueva Constitución, en esa Constitución Bolivariana para Venezuela se pretende recoger esa idea de proyecto y que debe ser un reflejo del momento político y de las fuerzas políticas que se mueven en el escenario concreto; no sólo en la abstracción de las ideas. No. Es la ideología convertida en un motor de construcción de República. Ese doble sentido es importantísimo en mi criterio, que ustedes logren recogerlo y plasmarlo en un nuevo texto constitucional.

Una Constitución debe tener, como todo componente y como toda creación, varios componentes, pero unidos al todo. Unidos al todo. Estos varios componentes pueden ser indeterminados en cuanto a su cantidad, pero hay algunos componentes que en mi criterio son esenciales y deben estar necesariamente contenidos en una nueva Constitución. El Proyecto de Constitución estas ideas fundamentales para la Constitución Bolivariana están caliente, vienen saliendo del horno, trata, hace un esfuerzo por presentar algunos de esos componentes esenciales para una nueva Constitución. Uno de ellos es el componente ideológico, la idea, ¿cuál es la idea central o cuáles son las ideas que conforman el marco filosófico e ideológico que anima al texto, que le da vida al texto? No puede ser otra que la idea del momento, que la idea que ha resucitado, el bolivarianismo. He allí una de mis propuestas. Y por eso el título "Constitución Bolivariana de Venezuela", para que ese concepto, para que esa idea quede sembrada de pie a cabeza, del alfa al omega, del comienzo al fin de ese texto o carta política o Carta Magna o Carta Fundamental para los próximos siglos venezolanos.

Porque se trata de eso, se trata de una carta fundamental para que permanezca flexible y adaptándose a los tiempos que vienen, para que permanezca en esencia durante siglos, no durante años ni durante décadas.

La idea del bolivarianismo, la idea robinsoniana, hay ideas que recorren el mundo hoy, incluso ustedes saben que hay un planteamiento que pretende señalar o indicar el fin de las ideologías y la llegada de una era a la que llamaríamos "tecnotrónica" donde no hay ideas. No. Eso jamás ocurrirá. Siempre habrá ideas que motoricen los movimientos y la vida y la voluntad de los pueblos y la idea nuestra, repito una vez más, no me cansaré compatriota de repetirlo, es la idea bolivariana, la ideología bolivariana. Por ejemplo, cuando se habla del dogma neoliberal !Ojo pelao con el dogma neoliberal! Que pretende sembrar de fundamentalismos y de pensamiento único lo que debe estar sembrado por ideas diversas y por inteligencias que van e inteligencias que vienen. Contra le dogma neoliberal invoco lo que pudiéramos llamar "el invencionismo rebinsoniano"; contra ese dogma neoliberal que pretende borrar el mapa, por ejemplo, lo que es la fuerza de la Nación, lo que es el derecho de una Nación, de un país o de una república a darse su propio modelo económico en función de sus potencialidades, en función de sus oportunidades, en función de su idiosincrasia, por ejemplo, contra ese dogma que pretende presentarnos en bloque, soluciones extrañas a nuestros problemas, y que está demostrado, más que demostrado en los últimos años, que lo que ha hecho es agravar nuestros males, contra ese dogma neoliberal, nosotros pudiéramos proponer, yo propongo: el invencionismo robinsoniano. Robinson, el Rodríguez, el Simón caraqueño, cuando decía en sociedades americanas, cuando anunciaba su ideario, porque cuando hablamos de la ideología bolivariana, como ustedes saben, desde hace años lo venimos pregonando, nosotros hemos hablado del árbol de las tres raíces: la idea bolivariana, la idea robinsoniana y la idea zamorana, como reflexión nada más para la discusión. Pero cuando hablo del invencionismo rebinsoniano, me refiero concretamente a aquello que decía Samuel Robinson o Simón Carreño o Simón Rodríguez, !qué importa su nombre! El Sócrates de América, el Rauseeau de Venezuela, decía: tienen ustedes que hacer dos revoluciones: la política y la económica. Hagan la revolución económica y comiéncela por los campos, la agricultura, la industria, las artes, las ciencias. He allí, contra el dogma neoliberal que pretende borrarnos del mapa, el invencionismo robinsoniano. Contra el dogma del mercado !ojo pelao con el dogma del mercado! Que pretende, casi ser Dios !Qué fundamentalismo ese del mercado! La mano invisible del mercado, dicen algunos. Como aquí en Venezuela se hizo popular una expresión, yo la voy a recoger: "la mano peluda" invisible, del mercado. No arregla sociedades el mercado. No hace repúblicas el mercado. No impulsa desarrollo colectivo el mercado, porque el mercado se basa en ese dogma del individualismo que ha llevado al mundo a que seamos unos salvajes: luchando unos contra otros.

Contra ese dogma del mercado no podemos responder nosotros con otro dogma, tampoco el extremo del Estado. No; contra ese dogma no saquemos más dogmas, inventemos modelos propios. La mano invisible del mercado con la mano visible del Estado y una combinación, un punto de equilibrio que permita, más allá del mercado y más allá del Estado, porque esos son instrumentos, hay un fin último: el desarrollo del hombre, el desarrollo de la mujer, el desarrollo del niño, el desarrollo humano, ese sí es el fin último, no el mercado pro sí mismo, ni el Estado por sí mismo, es el hombre decía Jesús, el alfa y el omega, el comienzo y el fin.

Contra ese dogma neoliberal, enfrentemos el hombre, la maravilla que es el ser humano; la idea como centro de acción de una combinación que bien pudiéramos llamarla entre el mercado y el Estado, un binomio, pero más allá de ese binomio está el ser humano. Esos son algunos rasgos de una ideología que tiene que hacerse concreta y ser llevada a texto, porque no haríamos nada con estar declarándonos bolivarianos y robinsonianos, y zamoranos, durante siglos, si no somos capaces ahora, cuando la historia y el momento lo reclama, de sembrar, en una nueva Carga Fundamental, en la nueva Carta Magna de Venezuela para el próximo siglo, la idea bolivariana, esa que viene desde los siglos, perdido.

De allí, una visión general de lo que es la ideología o lo que pudieran ser componentes fundamentales de la ideología bolivariana, contra el monopolio de la riqueza, como dogma, enfrentemos la democracia económica, un concepto de igualdad, de libertad, de justicia, de empleo, de seguridad social, para cubrir las necesidades básicas del ser humano. Eso es lo más importante de un modelo político, de un modelo económico.

El sistema ideológico, en resumen, compatriotas, en mi criterio, debe estar muy bien delineado en la nueva Carta Fundamental. No al dogma neoliberal ni al dogma del mercado. Vamos a crear, en función de una ideología autóctona, un nuevo sistema político, un nuevo sistema económico, un nuevo sistema social.

Pero además de la ideología, también una Constitución debe contener esencialmente, lo que debe ser o podemos llamar, el elemento social y ustedes verán que en este texto de ideas fundamentales, lo social se coloca antes, en prioridad, a lo político, al aparato del Estado. Un nuevo concepto de solidaridad social, decía Simón Rodríguez, y vuelvo a la idea, porque la idea debe estar sembrada a lo largo y ancho del texto constitucional, Simón Rodríguez decía que tenemos que existir para entreayudarnos los unos a los otros. Esa es la verdadera concepción de las sociedades americanas a las que se refería Simón Rodríguez, cuando clamaba por una vida republicana y él decía con claridad meridiana: no se llamen a engaño, los americanos de ahora. Aquí no hay repúblicas decía, aquí no hay repúblicas porque no hay pueblos y no hay pueblos cuando no hay mentalidad republicana, y llamaba a la educación de los niños para formar la mentalidad republicana, y la mentalidad republicana no es otra que el pensamiento y la acción en función de la cosa pública, en función de la rex publica, en función del colectivo, en función de los demás, en función del interés de la Nación antes que el interés individual, todo eso es ideología y ahora tiene que convertirse en acción motriz de un nuevo proceso histórico venezolano, inspirado en esa idea originaria de una República, la República Bolivariana de Venezuela; pero además del elemento ideológico y el elemento social ustedes verán que he presentado aquí un título, con una extensión bastante apreciable sobre los derechos humanos y sobre los deberes humanos, porque también ese un binomio que no se puede separar. No podemos tener sólo la concepción de los derechos humanos limitados a que la gen­te se exprese. No. Derechos humanos integrales, de dignidad, de vida, integral­mente entendido lo que son los derechos humanos, pero igual el concepto de los deberes humanos, porque cuando asumi­mos algo como deber estamos asumiendo al mismo tiempo un derecho humano del hermano, del compatriota. No podemos separar esos dos conceptos, el derecho lleva implícito un deber, como la pareja: el derecho y el deber. La parte humana fundamental en un nuevo texto de un sistema político que debe ser humanista, fundamentalmente humanista.

Igual podrán ustedes estudiar, cuando comiencen sus deliberaciones, el elemen­to material, el elemento económico pudié­ra­mos decirlo, aunque lo económico tam­poco se puede separar de lo social; pero están contenidas aquí ideas funda­men­tales de lo que puede ser un concep­to económico nacional, un modelo econó­mico nacional. Un modelo económico, que como lo hemos dicho en infinidad de ocasiones aquí en Venezuela y en buena parte del mundo, debe ser un modelo endógeno, que se potencie con nuestras propias fuerzas internas, que se abra hacia el mundo pero con fuerza propia, con carácter endógeno.

Nosotros podemos pensar en eso. Hay otros países que por desgracia -diría yo- de la naturaleza no tienen el potencial interno que tenemos los venezolanos, los recursos naturales que tenemos los vene­zolanos, la ubicación geopolítica que tie­ne Venezuela: la fachada caribeña, la atlántica y la andina. Recursos infinitos de agua, de tierra fértil, de hidrocarburos, líquidos y gaseosos, de minerales precio­sos, de todo y un pueblo joven y además resucitado de entre sus cenizas. ¿Qué más podemos pedir? ¡Dios mío! Dios nos ha dado aquí en bandeja de plata los ele­mentos para construir una nación verda­deramente fuerte, poderosa y soberana, libre, igualitaria hacia el futuro. ¡Y lo haremos! Yo estoy seguro que lo hare­mos.

El concepto económico nacional, algu­nas líneas fundamentales también están encerradas en estas ideas que hoy traigo a la soberanísima Asamblea Constituyente; pero además de lo ideológico, además de lo social, además de lo económico, lo político: el Estado, la nación, la Repúbli­ca; y aquí están recogidos, creo que inclu­so tratando de ser un poco hasta pedagó­gico -permítanme sin vanidad decirlo- y agradezco infinitamente a los hombres y mujeres que me ayudaron en estas últimas semanas en el diseño y la discusión de este texto de ideas fundamentales. Me refiero a los miembros del Consejo Pre­sidencial Constitucional y muchos otros venezolanos; y además, los que se quedan siempre presentes a través de los libros, el estudio de los libros, de las ideas están recogidas aquí.

No son ideas mías. No. Sería vanidad decirlo, son ideas recogidas de los siglos, de los hombres, de las mu­jeres de esta época y de otras épocas y con un esfuerzo, con una intención, con una intención de cooperación recogidas en estas líneas. Aquí está recogido el concepto de pueblo al que me refería, unido en el pasado por glorias comunes y unido en el presente por una voluntad férrea, indeclinable de lucha hacia un objetivo común en una empresa común; pero también se recoge el concepto de nación, porque también la nación puede desaparecer. El pueblo es la misma nación, la nación es el mismo pueblo, sólo que en mi criterio dentro del navegar por las ideas para que un pueblo se considere una nación, le faltaría un elemento más. No sólo el pasado común, no sólo el presente con una voluntad común, si no un proyecto hacia el futuro.

La nación es el pueblo en marcha unido desde el pasado, con una voluntad en el presente en marcha hacia objetivos grandiosos en el futuro. Cuando un pue­blo consigue un rumbo, cuando un pueblo consigue una dirección histórica, sólo entonces -en mi criterio- podemos hablar de nación. Hoy, además del pasado, además del presente, creo que podemos decir que en Venezuela hay una nación en marcha con un proyecto al que ustedes están obligados, representantes del pue­blo, constituyentes soberanos, a intuir, a buscar, a recoger y a plasmar básica y fundamentalmente en el texto constitu­cional.

El proyecto nacional, en su visión macro, debe ser -en mi criterio y es una de mis sugerencias- sembrado en el texto constitucional, porque desde hacía mucho tiempo la nación venezolana andaba sin rumbo, no sabía o no sabíamos hacia dónde íbamos. Vinimos resucitando como pueblo, pero aún nos faltaba la idea de marcha hacia objetivos trascendentales. Sólo allí podemos hablar de nación.

Ese concepto de las tres o los tres elementos fundamentales de la nación, está recogido aquí en el texto constitu­cional; y se recoge allí no por capricho, se recoge allí porque es importante que todos los niños venezolanos comiencen a conocer de ahora mismo las condiciones indispensables para ser pueblo y más aun, para ser nación en marcha. Ortega lo plasmaba en “La Rebelión de las Masas”: “...la nación es un plebiscito constante, la nación está permanentemente haciéndose y deshaciéndose”. “Un pueblo sin objetivo en el futuro, estaría en el pasado o en el presente dando vueltas sobre sí mismo sin conseguir rumbo”.

Esos conceptos están recogidos aquí en un capítulo que presenta la idea de pueblo, de nación, de República. El concepto de la República y el concepto del Estado, la República, la res pública, la cosa pública, “moral y luces, los polos de la República”.

Instituciones sólidas deben conformar la República, lo he dicho y lo repito este día memorable, felizmente soy Presidente, el último de la Cuarta República y más felizmente, doblemente feliz porque también, gracias a Dios y a nuestro pueblo seré, espero que así sea, el primer presidente de la Quinta República, el primer presidente de la República bolivariana que vuelve, mayor dicha, humilde dicha no puede caber en el corazón de un hombre y eso no me pertenece por supuesto. Yo apenas soy como un transmisor, como un conductor de la dicha, la dicha la comparto con ustedes y especialmente con el pueblo heroico y noble de Venezuela.

La idea de una República institucionalizada, democrática y libre, soberana ante el mundo, que no acepta injerencia de ningún poder extranjero, económico o político porque somos libres y soberanos para decidir nuestro propio rumbo, nuestros propios modelos, respe­tan­do para siempre la autodeterminación de los pueblos del mundo.

Una República que cuando se declara Bolivariana y así lo propongo en esta idea fundamental o en una de estas ideas fundamentales, que la Constitución Bolivariana declare, la República de Venezuela será una República Bolivariana y cuando se declara la República Bolivariana es porque se declara portadora de un mensaje de paz para todos los pueblos del mundo, portadora de un mensaje de integración en el área latinoamericana y caribeña, viejo sueño de Bolívar que vuelve cabalgando con el pueblo de la revolución.

La idea de anfictionía es una República anfictiónica, abierta a los pueblos del continente para hacer, como diría Bolívar en su Carta de Jamaica, estuve recordándolo hace poco junto al Primer Ministro de esta hermana república y nación, Percibal Paterson, un gran bolivariano del Caribe, recordando en Jamaica aquello que decía Bolívar en su carta profética “qué bello sería que formemos del nuevo mundo una sola nación y que el Istmo de Panamá sea para nosotros lo que el de Corinto fue para los griegos, punto de unión”.

La República Bolivariana, que pido se declare así, abre los brazos de paz, de hermandad, pero de firmeza y respeto a todos los pueblos, naciones y gobiernos del universo mundo. Estamos sembrándonos en un nuevo mundo, en un nuevo siglo, con dignidad, con altura, con soberanía. República Bolivariana y soberana, libre y democrática, pero verdaderamente democrática, sin engaño, sin farsa, sin discursos retóricos, huecos y vacíos.

Democracia porque tiene pueblo, porque la democracia sino tiene pueblo es igual a un río sin cauce, un río sin agua, un mar seco, sería la democracia sino tiene un contenido profundamente social de igualdad, de justicia y de visión humana, esa es la República a la que hago referencia en mis ideas fundamentales para la Constitución Bolivariana, pero más allá del pueblo y su concepto, más allá de la nación y su concepto dialéctico con la práctica y más allá de la República con su concepto y su praxis, también agregamos aquí una visión del Estado y ustedes verán cuando revisen esto, esta es la primera parte, falta una segunda parte para recoger algunos otros capítulos complementarios, pero creo que esto puede ser esencial para que ustedes consideren en sus primeras deliberaciones.

Aquí se recoge también, después del concepto social y en el concepto del Estado porque estamos saliéndole al paso a Hobbes, no queremos a Hobbes con su Leviatán, con su estado como maquinaria demoledora, hegemónica de la fuerza, el Estado como hegemón de la fuerza y del recurso armado para imponer, para esclavizar a los habitantes de un pueblo que merece libertad, no, no queremos el Leviatán de Hobbes, preferimos a Platón y su República, preferimos a Bolívar y un Estado orientado a la justicia que es el fin último al que puede orientarse la acción de un Estado democrático, podrán ustedes ver aquí cómo se recoge ese concepto, importante recogerlo y sembrarlo en tierra fértil y la tierra está fértil para la siembra que vuelve con la lluvia de pueblos.

Un Estado que no se quede en un fin en sí mismo, un Estado que deje de ser una maquinaria burocrática, demoledora, negadora de los derechos humanos fundamentales, todo lo contrario, cada hombre, cada institución, cada pequeño engranaje de la maquinaria del Estado debe palpitar solo y sólo en función de la justicia para un pueblo, de la igualdad, del trabajo, de la vivienda, de la educación, de la salud, de la libertad, de las ciencias y de las artes, para eso tiene que ser el Estado sino mejor sería no tener Estado; pero concebimos el Estado como una necesidad, nos alejamos de Hobbes, pero también de Marx cuando decía que no hacía falta el Estado. Sí, hace falta el Estado. Nos alejamos de los neoliberales que pretenden minimizar al Estado y he allí otro concepto fundamental de ideología bolivariana en contra del dogma neoliberal: queremos y necesitamos un estado suficientemente fuerte, suficientemente capaz, suficientemente moral, suficientemente virtuoso para impulsar la República, para impulsar al pueblo y para impulsar a la Nación, asegurando la igualdad, la justicia y el desarrollo del pueblo. Ese estado bolivariano lo recojo aquí, en estas ideas fundamentales para lo que pudiera ser la Constitución Bolivariana de la V República.

Además de esos conceptos o componentes ideológicos, sociales, materiales, políticos del Estado y la República, hay aquí una orientación hacia el ámbito internacional que ya he referido de manera muy general. Quiero detenerme sí y no puedo o no hacerlo, en algunas consideraciones en cuando al Estado y a los poderes del Estado. Siempre pensando en que esos poderes deben ser instrumentos para el bien común, por eso, se recoge aquí la idea de que el Estado venezolano, en vez de ser llamado, y perdónenme los juristas, los abogados y los estudiosos de la Ley, que aquí los hay en buena cantidad, más que un esto de derecho, requerimos, en mi criterio, un estado de justicia; porque la justicia va mucho más del derecho. El derecho es un tránsito hacia la justicia; por un supuesto derecho hoy está la tormenta social desatada en Venezuela; por una supuestas leyes hay miles de venezolanos muriendo en vida en las cárceles de Venezuela, por ejemplo, porque para ellos hay derecho pero no hay justicia para ellos. Allí, ese es un ejemplo muy claro de que el Estado no puede ser de derecho, tiene que ir más allá del derecho, un estado de justicia necesitamos urgentemente en Venezuela.

Un estado, en el cual está también sentada la idea fundamental bolivariana; 180 años después aquí está recogido algo que es un clamor del país: el Poder Moral, el cuarto poder. Un nuevo ente estatal, no burocrático con un fin en sí mismo; un Poder Moral que sea de verdad autónomo, que no esté subordinado a los otros o a los tres poderes clásicos del Estado. Un Poder Moral, propongo modestamente, que pudiera ser la fusión o pudiera alimentarse de tres fuentes que hoy persisten dispersas, maniatadas, sin vida propia: una Fiscalía, un Ministerio Público autónomo de las cúpulas políticas, que esté libre de manipulaciones y presiones de sectores nacionales; un Ministerio Público, una Fiscalía de la República con un nuevo concepto para garantizar no sólo el estado de derecho si no el Estado de Justicia. Una Contraloría, un Poder Contralor también incorporado al concepto del Poder Moral y además de eso, esta figura de la que se ha venido hablando un poco en Venezuela pero que nunca se ha podido sembrar, que es la defensoría del pueblo. Un Poder Moral que pudiera asumirse, como clamaba Bolívar, invocando, Bolívar invocaba a la Grecia, a la Atenas y a la Roma Republicana, ya no invocamos ni a Roma ni a Grecia ni a Atenas ni a Es­parta. Hoy invocamos a Angostura, que está mucho más cerca de nosotros.

Bolívar hablaba de un Poder Moral con dos cámaras: la Cámara Moral y la Cámara de Educación y la educación ¡Diós mío! ¡Qué vigencia! orientada espe­cialmente hacia los niños que son el futuro de la República. ¡Qué pertinencia para un Poder Moral! que se encargue de la lucha a muerte contra la corrupción.

Volvemos a Ocaña: “...la corrupción de los pueblos es la causa de la indulgen­cia de los tribunales y de la inmoralidad republicana y de la pérdida de la Repú­blica”. La corrupción, sabemos, fue el último de los males que terminó de hundir a la IV República, y estamos rodeados de ella, hermanos, estamos rodeados de ella. Apenas está comen­zando una nueva batalla, hemos ganado varias batallas, pero la guerra, el combate final por Venezuela aún no lo hemos ganado. No olvidemos “El Oráculo del Guerrero”: “...cuando se gana una batalla, no envaines la espada, colócala a tu lado, piensa y prepárate porque mañana vendrá otra batalla”.

Hoy aquí, en este Palacio Federal, al que ha llegado tumultuosa ya la revolu­ción incontenible, está comenzando una nueva batalla y ustedes son los capitanes de esa batalla. ¡No pierdan el rumbo! ¡No pierdan el ritmo! ¡No pierdan la altura! ¡Vuelen! ¡Volemos junto a Bolívar!

Ese Poder Moral lo considero funda­mental para la República Bolivariana. Pensemos y no nos dejemos llevar por aquel viento que se llevó la idea de Angos­tura, porque Bolívar sabio como era, incluso igual en el Proyecto de Cons­titución de Bolivia, él intuía que no iba a ser incorporado ese cuarto poder a la Constitución ni la de Angostura. Los Constituyentes de Angostura no incorpo­raron el concepto del Poder Moral, le tuvieron miedo.

Alguien me decía hace pocos meses atrás: “...es que se le tiene miedo a la palabra moral, porque todos tenemos algo de inmoral”, y yo dije: “es cierto, pero no se trata de la moral personal, no se trata de la moral puritana, se trata de la moral republicana que es la resultante de los valores y las virtudes de un pueblo”. ¡Cómo no va a ser importante hablar de moral! hoy, cuando la corrupción ha azotado y ha roto todos los recortes y los resortes de la era y de la vida republicana. ¡Claro que es pertinente el Poder Moral! ¡Yo clamo a ustedes que no la echen esa propuesta! al mismo pipote de la basura de Angostura.

Debátanlo con libertad, debátanlo con el pueblo. Sométanlo en todo caso a la consideración de un pueblo que clama por virtudes, al que le robaron la moral pública durante años y quiere recuperarla, porque volviendo atacar a Hobbes, el hom­bre no creo yo que sea el lobo del hombre. Yo creo, de verdad, como Jesús, que el hombre es la esperanza del hombre, el hijo de Dios; y ese pueblo hijo de Dios quiere elevarse sobre sus miserias pero necesita de dónde agarrarse, de qué resorte agarrarse para escalar desde la profundidad del abismo al que cayó hacia la cima de las virtudes sociales y repu­blicanas. Démosle los resortes. El Poder Moral pudiera ser un hermoso resorte o un hermoso escalón para subir de este abismo, de este tremedal al que hemos caído en lo moral, en lo ético y en lo político.

Igual me atrevo a traer el mismo sueño, la misma idea bolivariana de 1826. De allá de las cumbres de Bolivia, cuando nacía la República de Bolivia, Bolívar propuso, y vaya usted a saber si no es pertinente la idea de un Poder Electoral, un poder autónomo de los demás, que sea permanente y que no esté sujeto a las cúpulas o a la manipulación política de ciertos sectores, o a las presiones. ¡Cómo hemos visto de eso en estos últimos meses, en estos últimos tiempos! ¡Cómo se ha demostrado en Venezuela que no basta con tener una institución que se encargue de los asuntos electorales, necesario es que se establezca, que se instale una nueva potestad, un nuevo poder, el poder electoral y que ese poder electoral esté enraizado con el sentimiento de pueblo, que se convierta en el gestor, en el impulsor, en el contralor, en el evaluador de los procesos electorales y sus resultados y que esté pendiente de los magistrados, que esté pendiente de que los representantes cumplan de verdad con su compromiso y que obligue a todo candidato que opte por un cargo público de representación popular a decirle al pueblo cuál es su proyecto y si es elegido que cumpla ese proyecto y sino que se vaya a través de mecanismos democráticos, de referéndum revocatorio, por ejemplo para asegurar el principio de la representativa, para asegurar el principio de la legitimidad.

Un poder electoral, aquí se recoge de nuevo la idea de Bolivia. Espero que no se repita lo que la frase lapidaria del mismo Bolívar, incorporada en ese texto maravillo de Antonio Leocadio Guzmán, allá en Bolivia, ese texto que se llama “Una Ojeada al Proyecto de Constitución que presentó Bolívar al Congreso Constituyente de Bolivia”.

Al final de la Ojeada Antonio Leocadio, el padre de ese venezolano que dentro de pocos días tendremos de nuevo aquí repatriados sus restos que se llama Antonio Guzmán Blanco, decía Antonio Leocadio Guzmán en su “Ojeada al Proyecto de Constitución”, recogía al final, después de un análisis profundo de obligatoria lectura en mi criterio en este momento, recoge una frase de Bolívar, “propongo este código, sino lo aceptáis, lo lego a la posteridad”. Espero no recoger de nuevo la frase de Bolívar en alguna ojeada que se le pueda echar a estas ideas fundamentales.

De verdad clamo porque rompamos el esquema clásico de la democracia liberal, de los tres poderes, eso no tiene por qué ser así para siempre, necesitamos un nuevo concepto de Estado, una nueva arquitectura de poder, una desconcentra­ción de poderes, un auténtica democracia representativa, participativa y protagónica y ese es, además de los 5 poderes, es otro de los conceptos que aquí se recogen, no basta de hablar o no basta con hablar de democracia participativa, como si ese fuese el fin, no, la participación debe ser un instrumento para lograr un fin porque de qué nos vale que todos participen hablando, levantando la mano o discurseando o escribiendo, no, ese no puede ser el fin, el objetivo tiene que ir más allá y por eso aquí hablamos de la democracia participativa y protagónica como un solo concepto.

El protagonismo popular es un concepto bolivariano, democrático y eminentemente revolucionario y se acerca a los mecanismos de una democracia que hoy no puede ser, lo entendemos exacta y absolutamente directa, pero sí tiene que ser protagónica, tenemos que darle al pueblo diversos mecanismos, como los plebiscitos, los referenda, las asambleas populares, las consultas populares, las iniciativas de leyes, todos esos instrumentos deben quedar.

En mi criterio propongo, legisladores, insertados en la nueva Carta Fundamental para que sea vinculante la participación y para que no sea sencillamente un participar por participar sino un instrumento de construcción de protagonismo y democracia verdadera, de participación efectiva vital para construir un país, para construir un rumbo, para construir un proyecto.

En cuanto a los poderes a ser constituidos, luego de aprobarse la nueva Carta Fundamental, también adelantamos algunas ideas. ¿Cómo conformar un nuevo Poder Ejecutivo? La figura presidencial acompañada de un vicepresidente, un Poder Ejecutivo con una nueva estructura para atenuar la concentración de poderes que hoy recaen sobre el presidente de la República, un presidente acompañado con un Vicepresidente y un Consejo de Estado e allí novedosas figuras para su sabia consideración, ruego que sean estudiadas a fondo, si de algo sirvieran, pues les pido conformen elementos fundamentales para la nueva arquitectura de un nuevo Poder Ejecutivo.

Un Poder Legislativo con figuras nuevas, con una Asamblea Nacional. Propongo incluso que cambiemos el nombre y no sólo por cambiar el nombre. No; es un concepto filosófico, en vez de Congreso Nacional, eso pareciera una pava, una pava republicana, tú que sabes de pava Edmundo Chirinos que estudias las pavas y las no pavas, entiendo que las pavas, esas pavas republicanas vamos a cambiar el nombre: Asamblea Nacional. Que de verdad sea una Asamblea, que la Asamblea no desaparezca, que la Asamblea Constituyente pase a ser una Asamblea Constituida, para darle continuidad a las ideas y a la creación hermosa de la Asamblea Nacional Constituyente.

Una nueva concepción del Poder Judicial, un Tribunal Suprema de Justicia y la figura de la elección de los jueces en las parroquias y en los municipios para llenar de democracia al Poder Judicial, para quitárselo a las tribus que se adueñaron y que se lo expropiaron al pueblo. Y el Poder Judicial, si estamos hablando de un estado de justicia, el Poder Judicial sería la columna vertebral de los poderes del Estado, para que sea un estado de justicia. Establecer con rango constitucional la carrera judicial y un mecanismo mucho más amplio, cristalino para la elección de miembros de la Corte Suprema de Justicia, de ese Tribunal Supremo de Justicia, donde estamos proponiendo la creación de una Sala Constitucional para que se encargue de los asuntos constitucionales. Un nuevo concepto mucho más moderno, dinámico, mucho más del siglo XXI que estará naciendo, además de los dos poderes, de los nuevos poderes bolivarianos: el moral y el electoral, conformarían con estos criterios bolivarianos, la nueva arquitectura del Estado.

Un nuevo concepto de Federación que se aleje de la anarquía y del centralismo, y que recupere y ponga en orden los dolores de la llamada descentralización que generó, muchas veces, en anarquía. Anarquización de la República, para que no haya ningún gobernador: no puede haberlo. Ningún alcalde: no puede haberlo, que piense o llegue a pensar alguna otra vez en esta tierra, que él es un cacique o un presidente de una republiquita, que se llama un municipio, que se llama un estado. No; es lo mismo que decía Bolívar, desde 1813 le decía al gobernador de Barinas en una carta memorable hecha al fragor de las batallas cuando apenas lo estaban proclamando Libertador, le decía al gobernador de Barinas eso que ya yo he referido: No, ese federalismo de la primera república fue nefasto, no podemos repetirlo. Un federalismo con un nuevo concepto de unidad nacional; un federalismo que se guíe por un principio básico de la ciencia política, como es el principio de la cosoberanía o la soberanía subsidiaria a la soberanía nacional. Tenemos que recuperar la idea y el concepto y la praxis de la unidad de la República. Venezuela es una sola República, no es una sumatoria de pequeñas repúblicas que ponen en peligro la existencia de la Nación y la existencia de un proyecto futuro.

Ustedes están representando al pueblo todo, y ese es uno de los elementos que no podemos olvidar. Cristóbal Jiménez por ejemplo no está aquí representando sólo al pueblo de Apure. No; lo eligió el pueblo de Apure a la Constituyente, pero él representa al Soberano pueblo de Apure, siempre y cuando ese pueblo de Apure sea mirado y entendido bajo la óptica del pueblo todo de Venezuela. Ese es el concepto de una Asamblea Constituyente, que no puede ser, sería muy nefasto que una Asamblea Nacional Constituyente se convierta en la sumatoria de pequeñas asambleas regionales constituyentes, sería nefasto y estoy seguro, porque conozco a la gran mayoría de los constituyentes de esta hora venezolana, en que aquí estamos mirando ese concepto que se recoge en las ideas fundamentales de una nueva federación, una cosoberanía o soberanías subsidiarias, y la soberanía vista además, como expresión popular, no sólo pensaba como un ente abstracto, la soberanía tiene que ver con los derechos del pueblo y con los deberes del pueblo, con los derechos de la nación y con los deberes de la Nación.

Todas esas ideas económicas, políticas, sociales, ideológicas, espirituales, materiales, están recogidas en este texto de ideas fundamentales. Yo lo someto, sencillamente a su sabia consideración.

Bolívar terminaba su discurso de Angostura, o mejor dicho, Bolívar terminó varios discursos de esa manera, no sólo el de Angostura, también el de Bolivia, también el mensaje al Congreso Constituyente o a la Convención de Ocaña, Bolívar terminó diciendo: yo he cumplido con mi labor, comiencen ustedes a cumplir con las suyas.

¿Cuál -en mi criterio- como sugerencia a la soberanísima, deben ser las labores que desde hoy ustedes deben comenzar a realizar de manera acelerada y en emergencia, emergencia he dicho, yo insto, como estoy instando a la soberanísima Asamblea Constituyente, a que declare la Emergencia Nacional, porque en Emergencia vivimos en el país, y a que declare la Emergencia de todos los poderes constituidos: Emergencia Ejecutiva, Emergencia Legislativa, Emergencia Judicial, estamos en una verdadera emergencia nacional y creo que la Asamblea Cons­tituyente se quedaría corta -en mi crite­rio- si no reconoce ese clamor de emergencia que anda por toda la nación; y que someta a su rigurosa evaluación todos y cada uno de los poderes constituidos, porque esta Asamblea -como lo bien lo declaró su presidente en su instalación- es una Asamblea originaria y originarios deben ser sus métodos de evaluación y de conducción de este proceso de transición en esta hora venezolana. Clamo por la emergencia nacional.

Yo subordinado a ustedes, si así lo decidieren, asumiré la emergencia hasta donde me corresponda como jefe del Gobierno Nacional; y también pido a los demás poderes constituidos su coopera­ción con la Asamblea Nacional Consti­tuyente, porque por las cosas que he esta­do oyendo de ustedes y lo que se percibe en el ambiente nacional, y yo les felicito por ello, están ustedes siguiendo además, creo, “El Oráculo del Guerrero” o están haciendo ustedes gala de la magnanimi­dad que caracteriza a nuestro pueblo. Gala de esa magnanimidad que carac­teriza a un pitcher cuando poncha a un bateador y lo deja mal parado; o el bateador de vueltas sobre sí mismo al hacer un swing mal hecho y cae de rodi­llas; la magnanimidad de un pitcher que se va y le da la mano al bateador poncha­do, o la magnanimidad de un boxeador que le da un nockout al contrario y va y lo levanta y lo abraza, o la magnanimidad de un soldado que tiene a alguien prisionero y le ofrece un vaso de agua y le dice hermano.

Ustedes están dando una demostra­­ción ejemplar y ¡cómo se necesita de ejemplos magnánimos hoy en Venezuela! Magna­nimidad con el vencido. Ustedes han demostrado esa magnanimidad, pero que no se equivoquen los beneficiarios de la magnanimidad, que no vayan a equivo­carse los poderes constituidos, que no vaya a equivocarse, por ejemplo, el Con­greso moribundo y a tratar de poner trabas u obstáculos a la originaria y so­berana Asamblea Nacional Constituyente, como lo dije en el “Balcón del Pueblo”: mejor es que se queden tranquilitos, como si los estuvieran operando. Así dicen por las calles: “tranquilo, como si te fueran a operar”. Ya estaremos pendientes de todos mo­dos.

Queremos una transición sin traumas -lo dijo Luis Miquilena-, yo apoyo esa idea de esa transición sin traumas, pero la espada del guerrero que no se olviden, que nadie lo olvide ¡está desenvainada! ¡Si hubiera que usarla no dudaremos! ¡No temblará el pulso ni se aguará el ojo para usar la espada originaria de la Asamblea Nacional Constituyente! si hu­biera que usarla contra el que quiera obstaculizar o perturbar un proceso tan hermoso que venimos construyendo con nuestro pueblo y jineteando con la revolu­ción. Que no se equivoquen los benefi­ciarios de la ejemplar magnanimidad que ustedes están demostrando a Venezuela y sobre todo al mundo entero, que no se equivoquen. Espero yo, le pido a Dios para que no se vayan a equivocar.

Creo entonces, que cuando digo como Bolívar: “he terminado mis funciones, comenzad vosotros las vuestras”. Esas funciones deberían comenzar -en mi cri­terio- y yo los acompaño a ustedes si así fuere necesario, en la declaratoria de una emergencia nacional y en la revisión y evaluación de los poderes constituidos. Comiencen por mí, aquí estoy a la orden de ustedes; pero vayan por las goberna­ciones, vayan por las alcaldías, vayan por las asambleas legislativas, vayan por los tribunales de la República. ¡Ojo pelao! y evalúen y hagan lo que haya que hacer para asegurar, ojalá con la cooperación, así lo pido como Presidente que soy de esta República moribunda, pido a todos entes republicanos; como jefe del Estado que soy, pido en mi condición de jefe del Estado a todos los entes del Estado, pido a la Corte Suprema de Justicia, clamo a ella; pido al Congreso Nacional, clamo a él; pido a los gobernadores, pido a mis ministros, pido a todos los funcionarios del Gobierno y del Poder Ejecutivo, pido a todos los gobernadores, pido a todos los alcaldes, pido a todas las asambleas le­gislativas y a los concejos municipales, a los jefes civiles, a los jefes de parroquia, a los piaches, a los caciques, a todos pido colaboración, altísima cooperación con la soberanísima Asamblea Nacional Cons­tituyente.

Incluso -y lo digo con todo el rigor que me cabe y lo anuncié antes del 25 de julio- si ustedes consideran que mi pre­sencia como jefe del Estado pudiera per­turbar las labores soberanas de la Asamblea, hagan ustedes conmigo lo que ustedes quieran, son ustedes los dueños de este momento nacional. Yo me subor­dinaré al mandato de la Asamblea Na­cional Constituyente; y como ciudadano o como soldado empuñaré la palabra o empuñaré la espada para defender los mandatos de la máxima Asamblea Nacio­nal Constituyente.

Ahora, que agrego, deben ser siempre los mandatos del pueblo, porque cuando digo como ciudadano y como soldado me subordino al mandato de la Asamblea es porque estoy firmemente convencido que lo que la Asamblea decida es lo que se clama en las calles, lo que ruge por los caminos, lo que se oye a los cuatro vien­tos, lo que dice el pueblo galopando el potro de la revolución.

¿Qué o cuáles deben ser las funciones que ustedes van a comenzar hoy? -en mi criterio- además de la necesaria emergen­cia nacional constituida y también cons­tituyente, también constituyente, ustedes son los primeros que deben dar el ejem­plo de estar en emergencia. La Asamblea Constituyente debe trabajar -en mi cri­terio- 24 horas al día, de domingo a domingo. La Asamblea Constituyente tiene que abrir las puertas a todas las corrientes nacionales. Desde hoy mismo deben nombrar comisiones que trabajen de manera... que no trabajen como las tradicionales comisiones, que sean comi­siones revolucionarias de verdad, comi­siones constituyentes, que juren ante el pueblo mismo trabajar sin descanso.

“Cuando el clarín de la Patria llama, di­ría Bolívar, hasta el llanto de la madre calla”. Cuando el clarín de la Patria llama, agregaría yo, hasta el llanto de la esposa o del esposo callan, hasta el llanto de Rosinés calla cuando se trata del clarín de la Patria; hasta el llanto de los hijos tienen que callar cuando se trata de la esperanza de un país y ustedes tienen en sus manos ahora mismo la esperanza y el sueño de muchos durante mucho tiempo. No dejen que pase ni un minuto ni un segundo sin estar a conciencia a la inmensa altura de este compromiso.

La Asamblea Constituyente debe declararse emergencia en mi criterio y declarar en emergencia a toda la nación y a los poderes constituidos y trabajar de manera acelerada.

Yo no sé en cuánto tiempo van ustedes a redactar la nueva Constitución y con todo el rigor que ello significa ¿una semana? ¿Un mes? ¿Dos meses? ¿Cuatro meses? ¿Seis meses? He allí el tope máximo, pero ese es el tiempo máximo. Creo que aquí hay voluntad y capacidad más que suficiente y ganas para que ese tiempo máximo se reduzca al máximo, a lo que ustedes decidan, pero yo creo que bien valdrá la pena recibir al Niño Dios el 24 de diciembre y recibir el deseo de Feliz Año del 31 y recibir el 1º de enero del 2000 con este proceso ya avanzado, más allá de lo imaginable.

Si en apenas 6 meses, Dios mío, fíjense ustedes lo que hemos logrado en 6 meses, instalación de un Gobierno, decreto presidencial, no sé cuántas impugnaciones, el decreto más impugna­do, batieron récord los impugnado­res. Yo no sé si un decreto ha sido impugnado tantas veces en alguna parte y en alguna época, pero bien bueno que eso quede allí porque es parte de conflicto histórico desatado, irrenunciable, inevitable, es un conflicto terminal, es el fin de una época y el comienzo de otra, todo lo que hemos logrado en 6 meses, un Gobierno que se instala, que recibe una República en caos, un pueblo moribundo, un decreto que se firma, impugnaciones que son vencidas, resistencias que son arrolladas, un referéndum consultivo y vinculante.

Por primera vez se hizo un referéndum en la historia venezolana, un referéndum nacional nunca antes eso se había hecho y al que llaman algunos el tirano, el tirano lo primero que hizo cuando llegó al Palacio fue firmar un decreto llamando al pueblo, ¡vaya qué tirano! Tiranos han sido otros que hablando de democracia han masacrado al pueblo, esos sí son los verdaderos tiranos, pero en todo caso yo no voy a defenderme, que me defienda la opinión pública, que como decía Bolívar, es la más grande de todas las fuerzas, la fuerza de la opinión pública y Dios en último término.

¿Cuánto hemos logrado en 6 meses? ¿Con cuántas dificultades, Dios mío? ¿Contra cuántos obstáculos hemos logrado instalar la Asamblea Constituyente? Referéndum, campaña electoral, multa de por medio, suspensión arbitraria de programas de radio y televisión de por medio, creo que es otro récord.

Yo le he preguntado a muchos presidentes democráticos y no democráticos, fuertes y flojos, débiles y fuertes, como queramos llamarlo, le he preguntado a muchos y le seguiré preguntando desde Fidel Castro hasta Aznar, desde Cardoso hasta Clinton le voy a preguntar ¿alguna vez a usted le han prohibido un programa de televisión siendo Presidente? Yo creo que ese es un récord que yo también me llevo. Creo que de eso no hay precedentes en mucho tiempo en el globo terráqueo y además haberlo aceptado, además aceptar la bofetada y poner la otra mejilla, además aceptarlo y lo acepté sólo en función del proceso porque yo estoy preparado incluso, se los juro por mi Madre Santa, como decimos allá en Barinas, José León, por Dios y mi Madre Santa que si a mí me piden la vida para que este proceso camine, yo mi vida la doy entera, ahora mismo, en este segundo de las 13 horas y 20 minutos del día 5 de agosto de 1999, no mañana, ahora, ya, me importa un comino mi vida personal, individual, porque ya he pasado, yo dejé atrás, eso quedó atrás, y conmigo van esos sueños de muchos hombres, sólo por eso acepté la arbitrariedad y estaría dispuesto a aceptarla, siempre y cuando vaya en función del proceso, de la hermosura de proceso que estamos impulsando.

Bueno, yo creo que esas son tareas ineludibles y urgentes de ustedes. Si en 6 meses no hemos logrado todo esto ¿qué no podrán ustedes hacer en 6 meses? Concentrados aquí, con el apoyo, de mi parte tendrán todo el apoyo posible hasta donde alcancen las fuerzas del Poder Ejecutivo y pido la colaboración de todos, el apoyo del pueblo lo tienen entero, 92%; el apoyo de las Fuerzas Armadas lo tienen entero, ya he designado al General Verde González con un grupo de coroneles para que sean enlaces entre la Soberanísima Asamblea Constituyente y las Fuerzas Armadas Venezolanas para facilitarles lo que ustedes necesiten, tranquilidad, para que tengan el tiempo, las 12 horas del día y las 12 horas de la noche, las 24 horas de los lunes y las 24 horas de los domingos, para que produzcamos lo más pronto posible la nueva Carta Fundamental y transición.

Yo creo que en el mes de diciembre pudiéramos tener un nuevo Congreso Nacional, yo creo que en el mes de diciembre pudiéramos tener ya naciendo la Quinta República si apuramos el paso, el avance, si no nos detenemos en objetivos subalternos como la fuerza del blindado. Yo, ustedes saben que me formé con el espíritu del blindado, como decíamos allá, el huracán blindado, cuando un batallón de tanques avanza rompiendo la barrera enemiga no se detiene ante un fusilero que apunta al tanque, no se detiene ante una pequeña trinchera o una mina antipersonal. No.

Los blindados avanzan hacia el corazón, estratégico adversario, la Asamblea Nacional Constituyente, permítanme sugerirles, debería imbuirse del espíritu de los blindados en la ofensiva. Vayan directo al corazón del adversario, vayan directo al corazón de la patria nueva y hagan lo que tienen que hacer, pero pronto porque la situación del país así lo requiere.

Compatriotas, esas son algunas de las tareas que en mi criterio hoy mismo ustedes tienen que comenzar a asumir. Además de eso, también insisto en que tienen que darle cabida, acelerada cabida, absoluta cabida a todas las corrientes de pensamiento que hoy andan libres por el país, a todas, así como en el Palacio de Miraflores durante más de 200 horas era el constituyente Alfredo Peña, ministro de la Secretaría y correspondió a él organizar la agenda, aquella agenda para la cual tuvimos que armarnos de una paciencia inaudita, pero lo logramos, más de 200 horas antes de expresar aquel concepto y aquellas ideas de las bases comiciales, oímos a casi todos los sectores, dirigentes indígenas, líderes obreros, estudiantes de todas las corrientes de los partidos tradicionales, hasta los partidos emergentes, grupos apolíticos, oímos a los militares, a los folkloristas, a grupos de mujeres organizadas, a los jóvenes, hasta los niños oímos en una llamada y hermosa constituyente de los niños, la Constituyente de los educadores, oímos a casi todas las representaciones y las voces del país, los que quisieron dar sus voces. Si eso lo hicimos tres hombres o cuatro hombres en doscientas horas, teniendo otras muchisimas, infinidad de tareas que cumplir en el orden económico, en el orden social, en el orden de la seguridad interna, en el orden internacional, preparando la Cumbre del Caribe, preparando la Cumbre con Europa, eso lo hicimos un pequeño grupo de seres humanos, abrimos el Palacio más de 200 horas, háganlo ustedes en comisiones amplias y diversas y oigan a todos, que todos se sientan oídos, que todos los venezolanos se sientan que están participando y protagonizando este proceso revolucionario, pero ese hecho de oír a todos no debe sacrificar la velocidad, el avance, como tampoco la velocidad del avance, debe sacrificar la participación popular. Sean ustedes sabios en buscar el punto de equilibrio. Rapidez en la ofensiva, pero con la participación de todos. Construcción acelerada de las bases de la República nueva, de la V República, del estado nuevo, del estado democrático, de la nación nueva, de la nación venezolana del siglo XXI. Esas son algunas de mis sugerencias acerca de las funciones, tomando la frase bolivariana: Comiencen ustedes a cumplir con las suyas. Yo humildemente creo haber cumplido con las mías en lo que se refería a este proceso constituyente. Sin embargo, estaré día y noche, con el ojo pelao y con la oreja parada, pendiente, donde quiera que esté, en el Palacio, en La Casona, recorriendo el país, recibiendo la mano del dolor de los humildes, tratando de atender ese enorme clamor que hay por todas partes, viviendo y llorando con el pueblo, abrazando niños moribundos, abrazando gentes abandonadas. Levantando la moral del pueblo. Dondequiera que esté, aquí o en cualquier parte, considérenme un subordinado ciudadano al mandato soberano de la Asamblea Constituyente y considérenme un soldado entregado y subordinado al mandato soberano de esta Magna Asamblea.

Yo ratifico, esta tarde del 5 de agosto lo que anuncié en el Balcón del Pueblo 24 horas antes de las elecciones, era 24 de julio en horas de la noche, y aprovecho que me han invitado y han tenido ustedes otro gesto más de magnanimidad al invitarme y escuchar esta reflexión de un soldado, de un ciudadano angustiado por la suerte de la República, aprovecho esta tarde que me quita a mí una cadena, ustedes o mejor dicho hermanos, a través de ustedes el pueblo me ha liberado de unas cadenas; el pueblo me ha liberado de una angustia, ya n o me siento en soledad combatiendo contra los molinos de viento. No; tengo compañeros o tengo compañera, como queramos decirlo, la Asamblea Constituyente, cono concreción de una voluntad general, me acompaña en la lucha contra los molinos de viento y contra los que se atraviesen en el camino de la reconstrucción y la reivindicación nacional.

Aprovecho esta invitación de la Asamblea, para repetir y noticiar lo que anuncié en el Balcón del Pueblo y lo hice 24 horas antes de la elección constituyente. No vengo a decirlo ahora porque por ahí alguien me preguntaba que qué sentido tenía que yo dijera lo que voy a repetir aquí ahora. Y yo le respondí a ese alguien; el sentido es que lo dije no hoy, lo dije antes de las elecciones constituyentes.

Yo, humildemente, el cargo de Presidente de la República que el pueblo me dio por elección popular, el 6 de diciembre y este gobierno que dirijo y el cargo de presidente de la República y de Jefe de Estado, lo pongo a la orden de la Soberana Asamblea Constituyente, para que ustedes vean y decidan qué hacer con ello. Sea cual fuere su decisión, como el que más, seguiré luchando, como ya lo he dicho, como hombre, como soldado y como ciudadano, en los campos de batalla que haya que enfrentar ahora, en estas nuevas batallas que vienen, para que el Padre de la Patria sea feliz. Para que en medio de esta tormenta saquemos el barco adelante.

Estaba recordando, y con eso termino, esta mi exposición, agradecida y humilde de algunas ideas que considero fundamentales para el esfuerzo que ustedes comienzan hoy. Estaba leyendo hace unas noches algunas de las tragedias de Shakespeare y en una de ellas, que se llama "La Tempestad", el gran poeta y escritor, en esa creación shakespireana "La Tempestad", comienza la primera escena del primer capítulo con una barca que va en alta mar y de repente suenan los truenos y aparecen los relámpagos y se oye el viento fuerte que viene peinando las olas del mar y sale el capitán y llama al contramaestre y le dice: Contramaestre, contramaestre, llame usted a los marineros, rápido, rápido que viene la tempestad. Y el contramaestre sale corriendo a cubierta y llama a los marineros y les dice: Marineros, marineros, valientes, adelante, al palo mayor, arriar las velas, muévanse rápido, pero rápido. Y cuando el Contramaestre ve que los valerosos marinos o marineros han arriado las velas y está cada uno en su puesto y han amarrado los nudos y están listos, entonces dice el creador, dice el escritor en su hermosa obra, que el contramaestre sudoroso da la vuelta y le pone la cara al viento fuerte que sopla y le dice: Y ahora, viento, sopla, sopla fuerte, haz lo que quieras tempestad, que tengo espacio para maniobrarte.

Yo digo eso hoy como Shakespeare: sopla viento fuerte, sopla tempestad que tengo Asamblea para maniobrarte. Un abrazo hermanos.

Luis Miquilena, Presidente de la Aamblea Nacional Constituyente: Ciudadano Presiden­te, el primer acto de su gobierno después de haber juramentado a sus colaboradores inmediatos fue el decreto que convocó a esta Asamblea Nacional Constituyente. A través de muchas vicisitudes la Asamblea fue caminando hacia adelante este proyec­to, porque usted con aquel acto había honrado lo que fue el emblema de su campaña electoral. Hoy se cristaliza con esta primera se­sión, este acontecimiento que con toda seguridad la Historia registrará como uno de los sucesos más trascendentales del último siglo.

Usted nos ha propuesto un reto, lo ha hecho sintiendo el eco de nuestro pueblo que reclama urgencia para la solución fundamental de sus problemas y el pueblo sabe que esa urgencia tiene su punto de referencia en la celeridad conque ade­lantemos los trabajos en esta Asamblea.

Interpretando el sentimiento de todos los constituyentes, puedo asegurarle que sacaremos juventud de nuestro pasado y aplicaremos la energía de los 20 años en nuestro trabajo, asumiendo la experiencia de los 20 siglos transcurridos desde la muerte de Jesucristo hasta este momento.

Con esa convicción de que hemos tomado el reto, puede usted tener la seguridad de que los trabajos que nos han sido encomendados, saldrán mucho antes de la meta propuesta, porque estoy seguro que así lo ha asimilado todos y cada uno de los constituyentistas, interpretando el sentimiento fundamental...

Igualmente usted nos ha entregado unos trabajos que nosotros apreciamos profundamente. Tenga la seguridad de que ese material y en este momento ordeno que se imprima y se reparta entre todos los constituyentistas, será tratado con la responsabilidad y el interés que se requiere, tomando en cuenta los desvelos y las preocupaciones que usted se ha tomado para esta colaboración que apre­ciamos altamente.

En cuanto a la disposición que ha tenido de poner su cargo a la orden de esta Asamblea, será esto motivo de consideración especial en la oportunidad correspondiente y le participaremos sobre el particular cuál ha sido nuestra decisión.

Termino agradeciéndole profunda­men­te su presencia en este acto y recono­cien­do en sus palabras, el mejor estímulo para salir adelante victoriosos en la ges­tión que la Historia nos tiene reservado.

Incito a la comisión que ha sido de­signada para que acompañe al Presi­dente de la República hasta su despedida.

Locutor: Señoras y señores, la Oficina Central de Información y la red nacional de radio y televisión agradecen su gentil atención a esta transmisión conjunta en vivo y directo desde la sede de la Asamblea Nacional Constituyente, dependencia del Palacio Federal Legislativo. Por su gentil atención, mil gracias y muy buenas tardes.